Haitiko hondamendia ikaragarria da.

Kaixo, lagunok:

Haitiko hondamendia ikaragarria da.

Jakingo duzuenez, urteak daramatzagu lanean herrialde horretan, gure Frantziako, Suitzako eta Kanadako ordezkaritzen bitartez hain zuzen.

Nazioarteko Sareak koordinaturik,  emergentziazko  misoa  abiarazi  dugu,  hara 13 pertsona  —horietariko batzuk espainiarrak— eta emergentziazko 40 tona material bidaltzeko.

Dirua biltzeko kanpaina atontzen gabiltza eta berariazko kontu korronte hau bideratu dugu: BBK k/k 2095 0363 51 9106518281

Denetariko sanitarioak behar ditugu, traumatologoak batez ere.

Mesedez, ahalik eta zabalkunderik haundiena eman eizaiozue mezu honi.

 Beste ekimen batzutan ere badihardugu eta atera ahala emango dizuegu horien berri zehatza.

 Eskerrik asko zuen laguntzagatik.

  

 

Hola a todas y todos:

 El desastre de Haití toma unas enormes dimensiones.

Como sabéis, estamos presentes en el país desde hace varios años, a través de nuestras delegaciones de Francia, Suiza y Canadá.

Coordinado por la Red Internacional, se ha activado una misión de emergencia que prevé el envió de un equipo de 13 personas, entre ellas algunos españoles, y 40 toneladas de material de emergencia.

Estamos iniciando una campaña de recogida de fondos a través de un número de cuenta en BBK c/c 2095 0363 51 9106518281

Necesitamos personal sanitario de todo tipo aunque con especial urgencia de traumatólogos.

 Pedimos dar la máxima difusión a esta comunicación.

 Por otro lado estamos trabajando en otras actuaciones de las que os mantendremos puntualmente informados.

Muchas gracias por vuestra colaboración

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Todos hablan de Haití, pero entonces nadie hablaba, nadie lloraba.

Todos lloran por Haití, pero ni siquiera la Naturaleza puede substituir a la Historia

Al fin y al cabo, las fotografías del terremoto son más procesables que tener que reconocer la presencia de la oscura garra de Occidente en la tragedia de Haití.

Sandra Ezquerra
www.kaosenlared.net/noticia/todos-llora … uir-histor

El mundo entero se conmocionaba ayer ante los efectos del terremoto que asolaba y desolaba la capital de Haití. Se hablaba de “cien mil muertos en el país más pobre de América” y de que “el seísmo arrasó [Puerto Príncipe] como una bomba atómica”, y los titulares y las aterradoras descripciones de la situación iban acompañados de fotografías mostrando a personas enterradas vivas u otras enterradas y punto, de la sangre, el terror y la desesperación.

Todos hablan de Haití. Y cuando lo nombran no dejan de enfatizar que es uno de los países más pobres, corruptos y desgraciados del mundo: Hablan del marrón desolador de sus montañas desnudas fruto de las deforestaciones masivas, de la inestabilidad política que ha convertido al país en un estado fallido, de sus pasados dictadores, de la debilidad de sus instituciones, de su alto índice de pobreza, de la generalización del narcotráfico, de las bandas criminales y de su brutalidad, y, sobre todo, del eterno retorno de los desastres naturales. Y, aunque no siempre es nombrada, la mano irresponsable de los propios haitianos y de su clase política se intuye entre líneas.

Todos lloran por Haití. Y se movilizan. España envía aviones a la zona y coordina la ayuda de la UE. Obama promete “apoyo total” y “no descarta enviar soldados Estadounidenses. El secretario general de la ONU pide “la generosidad mundial para superar la catástrofe”. Y de esta manera, se inicia un carnaval de compasión, una olimpiada de la solidaridad, de la empatía, del famoso slogan clintoniano “siento vuestro dolor”. Los políticos regalan sus condolencias en público con rostros desencajados y lx ciudadanxs encontramos una causa más que justa para redimir nuestra culpa.

¿Dónde estaban las lágrimas y los pésames, me pregunto, durante las intervenciones occidentales a lo largo de todo siglo el XX para quitar y poner gobiernos en el país? ¿Dónde estaban durante el apoyo de EEUU a los apoyos de dictadores sangrientos en el país con la excusa de contrarrestar a la Cuba comunista? ¿Y cuando Washington expulsó a Aristide tras su giro a la izquierda? ¿Dónde estaban las lágrimas por siglos de explotación y expolio colonial y neoimperialista de sus recursos naturales, por el progresivo empobrecimiento de los haitianos, por la continua intervención política y económica extranjera, por las deforestaciones masivas para ampliar los monocultivos de exportación de caña de azúcar dejando así la producción agraria a merced del libremente injusto mercado y erradicando la capacidad del país de producir alimentos para sus habitantes? ¿Dónde ha estado todo el mundo durante la lenta y agonizante sangría del país por parte de potencias extranjeras durante siglos?

No estaban. No hablaban. No lloraban. No sentían el dolor de Haití, y todos aquellos que miraban entonces hacia otro lado o que conspiraban desde los centros del Poder, protagonizan ahora titulares y lideran misiones humanitarias para ayudar a salvar al país de los crueles caprichos de La Madre Naturaleza. Y es que es mucho más cómodo empatizar con la desolación cuando ésta es fruto de “extraños” designios naturales, más parecidos a la arbitrariedad de los dioses que a la Historia, que cuestionar el desamparo fruto de la explotación, del expolio, del racismo. En un caso se habla de pobres, de corruptos, de incapaces; en el otro de empobrecidos, de dominados, de subyugados. Al fin y al cabo, las fotografías, las descripciones y las estadísticas del terremoto, por muy difíciles que sean de digerir, por mucho que nos corten la respiración, son muchísimo más procesables que tener que reconocer la presencia de la oscura garra de Occidente en la(s) tragedia(s) de Haití y la responsabilidad de nuestro país, y de tantos como él, en tanta desolación, en tanta muerte. Y es que quizás los terremotos, por naturales, son inevitables, pero el empobrecimiento, la explotación de las personas y de la naturaleza, el sufrimiento humano y la represión no. Y si no podemos culpar a la Naturaleza y a su inevitabilidad, sólo nos queda la Historia, que aunque a veces se haya repetido, no ha perdonado nunca y, desde luego, no se ha acabado aún.