Los musulmanes en Europa, discriminados

Una mujer musulmana paseando.| Amnistía InternacionalUna mujer musulmana paseando.| Amnistía Internacional

En 2030 serán el 10% de la población en Francia, Bélgica y Suecia; en torno al 8% en Suiza, Holanda y Reino Unido; el 7% en Alemania, y alrededor del 4% en España; y no acaban de gustar. Los musulmanes en Europa permanecen bajo el peso de una amalgama de estereotipos y prejuicios y, según un informe publicado por Amnistía Internacional, sufren discriminación por motivos de religión o de creencias en el ámbito laboral y el educativo, incluso en países en los que dicha discriminación está prohibida.

El estudio, realizado en 2010 en cinco países: Bélgica, España, Francia, Países Bajos y Suiza, concluye que la discriminación a la que son sometidos los musulmanes en varios ámbitos de la vida a causa de su religión, su origen étnico o su condición de género, o por la mezcla de todo ello “arruina las perspectivas, las oportunidades y la confianza personales y puede ocasionar aislamiento, exclusión y estigmatización”.

“A las mujeres musulmanas se les niegan empleos y a las niñas se les impide asistir a clases normales simplemente porque usan prendas de vestir tradicionales, como el pañuelo. Y los hombres pueden ser despedidos de su trabajo por llevar barbas asociadas al islam”, ha afirmado Marco Perolini, experto de Amnistía Internacional sobre discriminación, que ha denunciado que, en lugar de combatir estos prejuicios, “los partidos políticos y las autoridades públicas a menudo los toleran en su afán de captar votos”.

“Mucha gente piensa que en España no hay racismo, pero eso es porque no conocen a ningún musulmán. No conozco a uno solo, hombre o mujer, que nunca haya tenido problemas simplemente por su religión“, dice una joven musulmana llamada Nadah. Ella ha podido estudiar usando el ‘hiyab’ (velo islámico), pero no todos los casos son iguales. Según AI, “toda restricción del uso de símbolos y prendas religiosos o culturales en las escuelas debe basarse en una evaluación de las necesidades de cada caso individual. Las prohibiciones generales entrañan el riesgo de afectar negativamente al acceso a la educación de las niñas musulmanas y de negar su derecho a la libertad de expresión y a la manifestación de sus creencias”.

Velos y mezquitas

En muchos países, como España, Francia, Bélgica, Suiza y Países Bajos, se ha prohibido en ocasiones o por norma general a alumnas llevar el pañuelo u otras prendas religiosas o tradicionales en la escuela. En el caso nacional, el abogado y profesor de Derecho Iván Jiménez-Aybar, uno de los más activos en la defensa del ‘hiyab’, afirma que el código normativo de un centro educativo nunca puede estar por encima de una ley superior como es la Constitución, que otorga la libertad religiosa. Y se pregunta por qué si el Ministerio de Interior permite que en las fotografías para el DNI se use el velo -“con él se puede también reconocer a la persona”-, algunos centros se escudan en el argumento de la seguridad.

Según un estudio recogido por la ONG, el 37% de los españoles cree que es aceptable expulsar del colegio a una estudiante simplemente porque lleve el pañuelo. En el informe aseguran que se cree que la prohibición del velo es para proteger la libertad de la mujer, pero se insiste en que para lograr la igualdad de las mujeres y combatir todas las formas de discriminación de género “resultaría más útil mejorar la aplicación de la legislación ya existente que imponer prohibiciones generales de formas específicas de indumentaria”.

En cuanto a las polémicas por la construcción de mezquitas en Cataluña, desde AI critican que los musulmanes tengan que rezar en espacios al aire libre porque las salas de oración existentes son demasiado pequeñas y las solicitudes para construir nuevos oratorios se encuentran con obstáculos técnicos y rechazo social. Denuncian también que algunos partidos políticos han expresado públicamente que su construcción es incompatible con el respeto de la cultura y las tradiciones catalanas. “Esto es contrario a la libertad de religión, que incluye el derecho a celebrar cultos religiosos colectivos en lugares adecuados”.

Trabajo, asignatura pendiente

AI recoge ejemplos de discriminación en el ámbito laboral en todos los países de estudio y asegura que, aunque por lo general los datos no se desglosan por religión, la tasa de empleo de minorías étnicas o de origen migrante procedentes de países de mayoría musulmana es menor que la de la población general. Constata que los empleadores aplican diferencias de trato por motivos de religión o de creencias, basándose en justificaciones que no son conformes con las normas internacionales contra la discriminación.

El mayor problema surge porque las autoridades públicas no han establecido mecanismos efectivos para impedir que los empleadores privados discriminen por motivos de religión o de creencias. Asimismo, el estudio cuestiona que algunos Estados hayan introducido prohibiciones generales del uso de símbolos y prendas religiosos o culturales en los empleos públicos para alcanzar fines, como proteger la neutralidad o el laicismo, “que no son legítimos por sí mismos en virtud del derecho internacional”.

Según Perolini, “en muchos países europeos existe una opinión cada vez más generalizada de que el islam está bien y con los musulmanes no hay problemas, siempre que no sean demasiado visibles. Esta actitud está provocando violaciones de derechos humanos, y es necesario combatirla”.

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